HACERLO TÚ MISMO
Gran parte del trabajo de decoración de la casa lo ha hecho ella misma, con mezcla de voluntad, fuerza, creatividad y esfuerzo. Llega un momento en el que todo es ponerse, porque una tiene claro lo que quiere, y es suficiente con algo de indagación y mucha, mucha dedicación.
En los dormitorios infantiles se ha dado el gustazo. Papeles preciosos, frisos de madera y molduras en pared. «Mis padres me dejaban considerar mi habitación como un espacio propio, yo podía hacer lo que quería, así que de ahí me quedó el gusto por jugar y crear con libertad«. El reto llegará cuando los niños crezcan y reclamen también ese espacio.
Con todo, a veces hay que recurrir a profesionales, cuando la tarea es excesiva. Como en el caso de la buhardilla de la casa. Aislamiento, aberturas, revestimiento y acabados eran tareas más grandes para abarcar. Un proceso que fue algo más largo de lo esperado: «empezamos en pandemia, y prácticamente han sido dos años«. Al final, lo importante es dar con el profesional adecuado; un buen carpintero es un tesoro que no debemos dejar extinguir.
Eso sí, cuando una tiene claro lo que quiere va más allá las recomendaciones de los profesionales tradicionales, como en los suelos que eligió para la buhardilla. Añadir textura y calidez a los materiales pasa muchas veces por trabajar con juntas imperfectas y líneas irregulares. El encanto está precisamente en esas imperfecciones.