Begoña y Rodrigo llevan algo más de tres años viviendo en un piso de 72 metros cuadrados en el barrio de Delicias que compraron, reformaron y han ido amueblando despacio, con criterio, cariño y sin prisa. Su idea inicial era alquilar, pero los precios en los barrios de Madrid que les interesaban hacían inviable la operación.
Tras varios meses mirando sin resultado tomaron la decisión de comprar, con ayuda familiar y la suerte de haber firmado la hipoteca en un momento en que las condiciones todavía eran razonables (sin la presión del interés creciente). La búsqueda duró año y medio.
Partían con algunos requisitos muy concretos: piso luminoso, baño con ventana, dos habitaciones, distribución sin pasillos que consumieran metros útiles. El piso, en un edificio de los años cincuenta, no había sido reformado desde su construcción. Estaba muy compartimentado y la luz natural se perdía entre tabiques.
La reforma fue integral —instalaciones, ventanas nuevas, aislamiento exterior— y giró sobre una decisión principal: tirar los tabiques que separaban el pasillo, el salón y el comedor para crear un único espacio continuo. Con un presupuesto limitado, cada decisión era crucial y se tomó con ese límite en mente: buscando siempre materiales que aguantaran muchos años sin renunciar a su gusto y su criterio. Barajaron recurrir a un interiorista, pero finalmente decidieron no hacerlo. Querían dejar la casa como un lienzo en blanco y decorarla por su cuenta, a su ritmo.
La única zona resuelta antes de entrar era el comedor: el String System ocupando la pared principal, una mesa redonda de madera y la lámpara PH5 colgando sobre ella. El resto fue apareciendo con el tiempo.
Tres años después conviven piezas del diseño escandinavo con objetos recogidos en mercados de segunda mano durante viajes, una colección generosa de plantas y cuadros que mezclan ilustraciones y obra de artistas independientes, sobre un espacio en el que predominan el color blanco y la madera clara como texturas base.
Lo que buscaban era un espacio en el que les gustara estar, recibir a gente, que cubriera sus necesidades básicas pero también las estéticas. «Antes todos nuestros planes giraban fuera de casa y ahora no hay quien nos saque.»
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