En el centro de Barcelona, en uno de esos edificios típicos del Eixample con patio interior, la arquitecta Carolina Cunill, de The Hall Studio, se encontró con un piso de 88 m² y con unos propietarios que tenían una idea muy clara de cómo querían vivir: alrededor de una gran mesa, compartiendo comidas y encuentros con familia y amigos. A partir de ahí, todo lo demás fue consecuencia.
La barra-isla que preside el espacio es la pieza que mejor resume la lógica del proyecto. Organiza la planta, separa sin cerrar, almacena sin acumular y mantiene la cocina conectada al resto de la casa. Es funcional en el sentido más completo del término: resuelve varios problemas a la vez sin que ninguna de sus soluciones resulte evidente. El espacio abierto que genera tiene techos de bovedilla cerámica original, vigas de madera y pavimentos hidráulicos que el estudio decidió conservar e integrar, no como guiño decorativo sino como parte de la identidad del proyecto.
La sostenibilidad en Àgata es un principio vertebrador en todas las decisiones. Está en los cerramientos, en el aislamiento, en las pinturas y acabados naturales, en los electrodomésticos y en una protección solar estudiada para cada orientación. «No hay un único gesto que destaque, lo importante es el conjunto: cada estrategia suma para lograr una vivienda eficiente y saludable«, explica Cunill. El proyecto se relaciona también con su entorno inmediato: la terraza dialoga con las fachadas del patio interior sin imponerse sobre él.