Textos: Isabel Escauriaza
13 marzo 2026
Loft parisino diseñado por Andrée Putman en 1978
Para entender el diseño actual, es necesario mirar hacia atrás con honestidad. El diseño de interiores, tal como lo conocemos, germinó en un estrato social privilegiado; en esos salones de la alta burguesía y la aristocracia donde el espacio era un símbolo de estatus. Sin embargo, fueron un grupo de mujeres —visionarias, cultas y profundamente observadoras— quienes utilizaron ese escenario de privilegio para trazar la línea que nos traería hasta la modernidad.
Si hay algo que caracteriza a todas ellas es sin duda el concepto de LIBERTAD. La libertad creativa y de pensamiento, la capacidad de visualizar y componer nuevas formas de construir y decorar.
Hay muchas más, sin duda, y posiblemente los nombres de muchas de ellas no serán nunca recordados. Pero esta selección de 10 diseñadoras refleja los hitos más importantes que se han vivido a lo largo de 100 años en una disciplina a menudo ignorada.
La rebelión de la luz.
Antes de Elsie, el diseño de interiores no existía como profesión. Esta antigua actriz neoyorquina decidió que la oscuridad victoriana era una enfermedad y el blanco, la cura. Su revolución fue sencilla pero radical: despejó las ventanas, eliminó los muebles pesados y llenó las casas de espejos y flores (chintz). Nos enseñó que una casa debe ser «una expresión de alegría», demostrando que el buen gusto empieza por dejar entrar el aire.
La arquitectura del blanco. Mientras el mundo se refugiaba en colores sobrios, Syrie creó el famoso «salón blanco» en Londres, una estancia que se convirtió en leyenda. Su maestría no residía en el color, sino en la textura: mezclaba pieles, sedas, espejos decapados y escayolas para demostrar que un espacio monocromático podía ser el colmo de la calidez. Fue la pionera del minimalismo sofisticado mucho antes de que se inventara el término.
El confort como arte. Lady Colefax fue la gran defensora del estilo «vivido». Fundó la firma Colefax & Fowler con una idea clara: una casa no debe parecer nueva, sino que debe tener alma. Fue experta en mezclar antigüedades con muebles sencillos, creando espacios donde uno se siente invitado a sentarse y conversar. Su legado es el lujo que no intimida, sino que abraza; la elegancia de lo cotidiano.
El color como negocio. Dorothy fue la primera en entender que el diseño podía transformar no solo una casa, sino un negocio. Con su estilo «Barroco Moderno», lleno de rayas audaces, suelos de damero y verdes vibrantes, profesionalizó el interiorismo comercial a gran escala. Sus hoteles y espacios públicos inyectaron optimismo en la posguerra, demostrando que el diseño tiene el poder psicológico de cambiar nuestro estado de ánimo.
La humanista de la modernidad. A menudo eclipsada por Le Corbusier, Perriand fue quien realmente entendió cómo debíamos vivir en el siglo XX. Ella no diseñaba objetos, sino «equipamiento para la vida». Desde sus icónicas sillas de acero hasta sus cocinas modulares, su objetivo fue siempre el mismo: crear espacios funcionales, racionales y bellos para mejorar la vida de todas las personas, independientemente de su estrato social.
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La poeta de la estructura. Artista de la laca y arquitecta autodidacta, Gray fue una mujer solitaria y brillante que prefirió la experimentación al aplauso fácil. Su casa E-1027 frente al mar es una carta de amor a la independencia. Diseñó muebles que se adaptaban al cuerpo y al espacio con una precisión casi quirúrgica, fusionando el arte con la ingeniería de una manera que todavía hoy parece futurista.
La sensibilidad de la forma. Detrás del apellido Eames estaba la mirada pictórica de Ray. Ella fue la responsable de la paleta de colores, de las composiciones orgánicas y de la calidez que hizo que el diseño industrial entrara en los hogares de todo el mundo. Su lema de «llevar lo mejor a la mayoría» es la base de la democratización del diseño, recordándonos que la belleza no tiene por qué ser exclusiva, sino fabricada para ser compartida.
El alma del hogar americano. Representante del estilo «American Country», Parish elevó la informalidad a la categoría de alta decoración. Su intervención en la Casa Blanca de los Kennedy humanizó el poder. Su talento residía en crear ambientes que parecían haber estado ahí siempre, llenos de alfombras de aguja, colchas de retazos y flores frescas. Nadie como ella entendió que el verdadero lujo es sentir que estás, por fin, en casa.
La herencia renovada. Como una de las diseñadoras más influyentes del mundo actual, Nina ha sabido mantener vivo el legado de las grandes damas inglesas adaptándolo a la vida moderna. Su habilidad para usar el color y los estampados sin saturar el espacio la convierte en la maestra del «clásico contemporáneo». Es la prueba viviente de que la tradición, cuando se usa con inteligencia, es el recurso más moderno que existe.
El rigor de la elegancia. Conocida como la «Gran Dama del Estilo», Putman rescató del olvido el mobiliario de los años 30 para devolverle su lugar en la historia. Su uso del blanco y el negro, su obsesión por la geometría y su capacidad para hacer que lo más austero pareciera lo más lujoso definieron una época. Nos enseñó que la verdadera sofisticación no grita; se expresa a través del silencio, la sombra y la proporción perfecta.
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