Diseñadora textil y creadora de Hamabi, Zita ha construido un hogar familiar que refleja su manera de trabajar: artesanal, atenta al color y pensada para el uso real de los objetos.
15 enero 2026
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La casa de Zita Chocarro en Sevilla es un espacio vivido y en constante transformación, donde creación y vida cotidiana conviven con naturalidad. Un piso de unos 90 metros cuadrados comprada en 2020, justo después de la pandemia, donde Zita ha ido construyendo un hogar vivido, muy en sintonía con la filosofía que atraviesa sus proyectos creativos: Hamabi, su marca de patchwork contemporáneo, y BAT., su línea de arte textil.
La casa es el escenario de una vida compartida por cinco personas, con niños que ocupan el centro de la escena. Aquí no hay una voluntad de ordenar para ocultar, sino de convivir con el día a día. Juguetes a la vista, estanterías repletas de libros, piezas hechas a mano y un ambiente general de calma, incluso cuando todo está en movimiento. “Ahora mismo la casa está tomada por los niños y nos parece bien así. Queremos que estén presentes y no encerrados en su cuarto”, explica Zita. Esa decisión fluye en toda la organización doméstica: mucho almacenaje, sí, pero también una relajación consciente frente al desorden. Así es una casa vivida.
Hamabi nació en 2015, casi como una necesidad personal. En aquel momento, Zita trabajaba como diseñadora de moda en una marca que describe como “muy aburrida” y buscaba una vía de escape creativa. El patchwork, que hasta entonces era una afición, se convirtió en un lenguaje propio. Había visto referencias en marcas americanas que trabajaban desde un lugar contemporáneo, pero en España no encontraba nada similar. Así empezó a dar forma a Hamabi, primero de manera casi experimental y después con una identidad cada vez más definida.
El producto principal de la marca son las mantas de patchwork, piezas realizadas con un cuidado extremo por el color, la composición y los materiales. Zita trabaja fundamentalmente con algodón 100%, mezclas de algodón y lino, y utiliza guatas de algodón y bambú para el relleno. Todo es natural, sin artificios, con una clara voluntad de durabilidad. Las mantas están pensadas para usarse, para acompañar la vida cotidiana, no como objetos decorativos intocables.
Esa idea de uso real, de objeto vivido, está muy presente también en la casa. Las mantas aparecen dobladas sobre sofás, camas infantiles o muebles auxiliares, integradas en la escena doméstica. No hay una voluntad de mostrar el producto como algo separado del contexto, sino todo lo contrario: forma parte de él. La casa funciona casi como un laboratorio silencioso donde las piezas se prueban, se desgastan y adquieren sentido.
UNA PEQUEÑA REFORMA PARA ADAPTAR EL ESPACIO
La reforma fue mínima pero estratégica. La principal intervención consistió en abrir la cocina al salón, convirtiendo ambas estancias en un único espacio continuo donde transcurre la mayor parte de la vida diaria. Es aquí donde se cocina, se trabaja, se juega y se descansa. La cocina abierta permite participar de la casa incluso cuando se están realizando tareas más funcionales, y refuerza esa idea de espacio compartido que atraviesa todo el proyecto doméstico. El salón, luminoso y vivido, actúa como núcleo desde el que se ramifican el resto de estancias. “El salón y la cocina es donde estamos siempre. Si quiero calma, yo me escapo a la habitación,” confiesa Zita.
Aunque ambos trabajan desde casa de manera puntual, la vivienda no se concibe como un espacio de trabajo formal. El estudio sigue estando fuera, y eso permite que la casa conserve su condición de refugio. Aun así, la frontera entre vida y trabajo es porosa. En las paredes aparecen textiles, piezas bordadas, mantas dobladas con cuidado, pruebas de color y objetos que hablan directamente de su universo creativo.
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Además de mantas, Hamabi ha ido incorporando otros productos textiles como bolsas de tela o cojines, siempre desde una lógica coherente con el proyecto original. Sin embargo, en este momento, lo que más entusiasma a Zita es la línea de arte textil para la pared. Bajo la marca BAT., explora un registro más artístico, menos funcional, donde el textil se convierte en soporte expresivo. Son piezas que dialogan con el espacio de otra manera, más cercana a la obra que al objeto utilitario.
En la casa, estas piezas conviven con ilustraciones infantiles, cerámicas, banderines y dibujos hechos por los niños. No se presentan como obras aisladas, sino como parte de un relato doméstico más amplio. Esa convivencia desjerarquizada refuerza la idea de que el arte, el diseño y la vida cotidiana no son compartimentos estancos.
Hamabi trabaja principalmente bajo pedido, una de las facetas que Zita disfruta especialmente. “Me encanta diseñar mantas mano a mano con los clientes y crear piezas perfectas para cada uno.” Un proceso más lento y dialogado que se opone deliberadamente a la lógica de producción en serie y conecta con una manera de trabajar más consciente, más cercana y más humana.
Mirando al futuro, el proyecto sigue creciendo. Zita está terminando de escribir un libro y su plan para 2026 pasa por impartir numerosos cursos presenciales. La transmisión de conocimiento, el encuentro físico y el aprendizaje compartido aparecen como una extensión natural de su trabajo. No se trata solo de vender productos, sino de construir una comunidad alrededor del hacer textil.
HAMABI Y BAT.
Son los dos proyectos creativos que articulan actualmente el trabajo de Zita Chocarro Iriarte. Hamabi (significa 12 en euskera, que originalmente era el número de piezas que tenía cada modelo de la colección), fundada en 2015, es su marca de patchwork contemporáneo, especializada en mantas y piezas textiles realizadas a mano con materiales naturales —algodón, lino y rellenos de algodón y bambú—, muchas de ellas diseñadas bajo pedido y en diálogo directo con cada cliente. BAT. (significa uno en euskera, porque cada pieza es única), por su parte, es su línea de arte textil, centrada en piezas murales y obras para la pared, donde el tejido se convierte en soporte artístico y expresivo. Ambos proyectos comparten una misma aproximación al hacer: trabajo manual, uso de materiales naturales, especial atención al color y a la composición, y un proceso de creación lento y cuidado que sitúa el textil como elemento central.
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