DISEÑO, INTERIORES Y CASAs DE VERDAD

La casa de Mangi Buitrón, el detalle como protagonista del diseño de interiores

En la casa de la interiorista Mangi Buitrón el carácter nace de una mezcla muy personal: muebles heredados con historia, una apuesta valiente por el color en las paredes y multitud de detalles que consiguen que cada habitación tenga identidad propia.

Texto: Isabel Escauriaza | Fotos: Arantxa Maxide e Isabel Escauriaza

23 febrero 2026

EBOM MAGAZINE © 2026 by Isabel Escauriaza is licensed under CC BY-NC-ND 4.0

©Foto: Arantxa Maxide Maxide

En esta casa, la decoración es el verdadero lenguaje del espacio. Cada estancia se articula a través del equilibrio y los contrastes del color, los textiles, el mobiliario y las piezas heredadas, con un objetivo evidente: crear belleza en cada rincón.

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Desde el momento en que se cruza la puerta de la casa de Mangi Buitrón, el recibidor marca el tono. Las paredes en un verde profundo, bajo techos altísimos, crean una entrada envolvente y con carácter. La combinación de cuadros, distintos en formato y procedencia, llama la atención desde el primer momento. Hay mezcla, pero funciona.

La casa la compraron en 2019. Fue construida en los años setenta y la reforma se ha hecho poco a poco. “Hemos ido por partes”, explica Mangi. “Primero cambiamos los baños y la cocina porque estaban súper obsoletos y la distribución era mala”. También cerraron una habitación que estaba abierta a modo de salita y la convirtieron en dormitorio. Mantuvieron las puertas interiores, aunque no eran originales, las pintaron de blanco y cambiaron los rodapiés. Más adelante renovaron las carpinterías exteriores, aunque decidieron conservar la ventana original de la cocina: “Nos gusta muchísimo y tiene muy buena orientación”.

Esa atención al color se repite en toda la vivienda. El azul grisáceo del salón resulta tranquilo; los verdes empolvados y los azules más intensos de los dormitorios infantiles aportan energía; el rosa suave de una de las habitaciones introduce un matiz más delicado. Cada estancia tiene su propio tono, pero todas mantienen cierta coherencia.

En el salón, el mobiliario y los detalles construyen un ambiente cómodo y vivido. Los sofás de terciopelo son heredados y aportan textura y profundidad. Frente a ellos, la antigua librería de roble fue pintada del mismo color que las paredes. “La pintamos para dar sensación de continuidad”, cuenta. El resultado es más ligero y uniforme, y demuestra cómo un gesto sencillo puede cambiar la percepción de un espacio.

El resto de textiles han sido seleccionados por ella. “Los sofás son heredados, pero los cojines y las alfombras los he elegido yo. Últimamente compro mucho en H&M Home porque tienen ese toque más europeo que me gusta, en colores y rayas”. La mezcla entre piezas heredadas y textiles actuales aporta frescura sin romper el conjunto.

©Foto: Isabel Escauriaza
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©Foto: Arantxa Maxide
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En el comedor, el bureau estilo Reina Ana destaca como pieza especial. Lo adquirió su suegra en una subasta en Estados Unidos a finales de los años ochenta o principios de los noventa. “Ella ahora se ha vuelto minimalista y nosotros lo contrario”, comenta entre risas. A su alrededor conviven sillas heredadas, algunas procedentes de su tatarabuela, con asiento de crin de caballo y restauradas con una tela bordada de Jane Churchill en tonos hueso, azul y naranja. Otras, más sencillas, estaban en casa de su madre. “No tienen especial valor, pero me gusta mucho que sean tan ligeras”.

Las paredes reúnen recuerdos familiares. Algunos cuadros los ha pintado su madre; el del comedor, en tonos azules, fue un regalo de boda de su hermana. También hay láminas encontradas en mercadillos y vaciados de casas, y una pintura heredada de un artista vasco que representa una playa de Vizcaya. La combinación no responde a una norma estricta, pero mantiene equilibrio.

En la vitrina del comedor, un juego de té japonés heredado de su abuela convive con otras piezas familiares. El menaje forma parte del paisaje de la casa y se integra con naturalidad.

©Foto: Isabel Escauriaza
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En la cocina, el papel botánico es de Leroy Merlin. Aporta movimiento y contrasta con los muebles verdes y los tiradores dorados, generando una combinación fresca y fácil de replicar. La decisión de mantener la ventana original también forma parte del equilibrio del espacio. La luz natural entra de forma generosa y potencia los tonos verdes, haciendo que el conjunto resulte luminoso y acogedor a la vez. Es un buen ejemplo de que no siempre es necesario sustituirlo todo: a veces conservar un elemento bien orientado mejora más el espacio que una renovación completa.

En los armarios del pasillo, el cambio fue aún más sencillo. Durante la pandemia, Mangi decidió intervenirlos con papel de la colección Le Lin de Casamance. El pasillo dejó de ser un lugar de tránsito neutro para convertirse en un espacio con identidad propia. Son decisiones pequeñas, asumibles, pero con un impacto muy visible.

Ese mismo planteamiento se repite en otras zonas de la casa: pintar puertas en lugar de cambiarlas, actualizar rodapiés, integrar muebles con el color de las paredes. “Hemos ido haciendo cambios poco a poco”, comenta. La reforma no fue un proceso cerrado ni inmediato, sino una evolución. El dormitorio principal, de hecho, sigue pendiente, lo que refuerza esa idea de casa en construcción constante.

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©Foto: Arantxa Maxide
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También en los dormitorios infantiles se aprecia esta manera de trabajar. Colores más intensos, murales pintados y mezclas de estampados conviven con muebles funcionales. No son habitaciones pensadas para la foto, sino para el uso diario. El color aquí actúa como herramienta principal para definir el ambiente sin necesidad de grandes inversiones.

En conjunto, la casa muestra una forma muy clara de entender la decoración: observar lo que ya existe, decidir qué merece quedarse, integrar piezas heredadas y añadir elementos nuevos que encajen en la paleta general. No hay excesos ni soluciones complicadas, sino coherencia.

El resultado es una vivienda que se apoya en decisiones concretas y asumibles: elegir bien el color, pintar un mueble para integrarlo, combinar herencia con piezas actuales, utilizar el papel pintado para activar zonas olvidadas. Detalles que crean un conjunto muy personal, acogedor y con mucha personalidad.

La decoración no es sólo accesoria, sino el hilo conductor de toda la casa. Y en esa suma de pequeños gestos es donde realmente se percibe su carácter.

©Foto: Arantxa Maxide
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Mangi Buitrón es interiorista y dirige su propio estudio en Madrid, centrado principalmente en proyectos residenciales. Su trabajo combina distribución funcional, selección cuidada de mobiliario y atención al color y a los textiles, integrando piezas heredadas con otras actuales. En sus proyectos busca que cada vivienda responda a la forma de vida de quienes la habitan, una aproximación que también se aprecia con claridad en su propia casa.

Más info

Web Mangi Buitrón | Instagram Mangi Buitrón 

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