No hay casas

¿Es esta una verdad irrefutable?

Malas noticias. Así es, efectivamente. 

Cualquiera que en los últimos meses haya intentado buscar una CASA, como espacio en el que residir (no como producto de inversión), habrá comprobado la escasísima oferta que hay en el mercado. Sobre todo, en el segmento asequible para los salarios medios. Apenas hay oferta de vivienda de alquiler, y el acceso a la compra es muy difícil sin un altísimo nivel de ahorro, porque la financiación está muy limitada.

Así que no hay casas… para la clase media, para la masa, para la mayor parte de los comunes.   

Y este, querido mundo, es un problema global. Sí, esa palabra que tan poco nos gusta desde el último gran acontecimiento global (la pandemia).

No hay casas, y las pocas que hay son muy caras.

En España, la oferta de vivienda tanto de compra como de alquiler es raquítica. Probablemente por factores tan diversos como la disminución de nuevas promociones de construcción debido a las barreras financieras y la proliferación de pisos turísticos en el caso del alquiler. Pero además, el precio no baja.

Para muestra, un botón: esta es la evolución del precio de la vivienda en España en los últimos 10 años.

Pero no es un caso excepcional. 

El pasado 30 de septiembre miles de portugueses se manifestaban en Lisboa y otras ciudades lusas para protestar contra una crisis de vivienda que llevan arrastrando años. Precios disparados y escasísima oferta pone a cientos de ciudadanos de distinta clase y condición ante dificultades similares.

Nos quedan pocos paraísos, y quien puede permitírselo intenta buscarlos. Ese fue el caso de Portugal. Digamos que hace tiempo que invitó a grandes fortunas a invertir en su interesante y romántica oferta inmobiliaria, y claro, eso disparó los precios. 

Si a esto sumamos la proliferación de pisos turísticos (rentables, porque el país es un destino puntero hoy por hoy), tenemos el cóctel perfecto para reventar el acceso a pequeños ahorradores. 

En Nueva York ya son más de 100.000 personas sin hogar. Las causas apuntan a las largas colas de solicitantes de asilo que llegan a la ciudad, según algunos, con la falsa esperanza de acceso fácil a los papeles. Ahora bien, muchos de los que poblan los albergues son personas de edad avanzada que han desarrollado su vida en la ciudad y que hoy día se ven incapaces de enfrentar el altísimo coste de la vivienda. Una realidad que parece reproducirse en otras ciudades del país norteamericano, como en San Francisco. Ciudades que se han dejado querer por grandes inversores y que se han convertido en grandes mercados inmobiliarios dificultando cada vez más el acceso a los pequeños propietarios. 

Para añadir más sombras al panorama, si miramos hacia el este, las cosas en China no apuntan mucho mejor. En el país asiático se enfrentan a una crisis que recuerda más al estallido de una burbuja que a un problema de acceso de vivienda, pero si las grandes promotoras y constructoras no pueden enfrentar su deuda, lo que se acaba resintiendo es la capacidad de compra del ciudadano medio para quien la devaluación de su inmueble en propiedad es un riesgo enorme. 

En las últimas décadas la vivienda se ha mercantilizado y se ha convertido en el principal valor de inversión de las grandes fortunas y en una de las principales fuentes de ingresos de la banca, a través de los préstamos hipotecarios. En esta ecuación, la vivienda como casa u hogar no es una prioridad… más que para los millones de ciudadanos que hoy por hoy se ven incapaces de acceder a ella.

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