Por: Isabel Escauriaza
26 mayo 2025
Hubo un tiempo —no tan lejano— en el que el brillo del metal cromado era sinónimo de modernidad. Estaba en lámparas de pie, tiradores, sillas de estructura tubular… y parecía haber llegado para quedarse. Luego, como toda tendencia, pasó a un segundo plano, desplazado por los acabados mate, los tonos cálidos y las texturas naturales.
Pero después de los años de poderío del latón dorado, el cromado ha vuelto. Y lo ha hecho con fuerza. Más sobrio, más elegante, y sobre todo, mejor integrado.
Hoy lo vemos reaparecer en pequeñas dosis: una lámpara tipo globo con base cromada, una mesa auxiliar con estructura tubular, un grifo de líneas minimalistas o incluso marcos de espejo que reflejan sutilmente la luz. Su encanto está en el contraste: brilla sin gritar, aporta ligereza visual y añade un toque retro-futurista que encaja tanto en interiores contemporáneos como en espacios de inspiración vintage.
Lo importante ahora no es recuperar el total look de los años 80-90, sino saber usar el cromado como un acento que aporta carácter y equilibra las texturas más suaves y orgánicas.
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