DISEÑO, INTERIORES Y CASAs DE VERDAD

Olimpiadas de color en casa
Olimpiadas de color en casa

El color es un canal de percepción del entorno y los espacios, con un enorme poder transformador, indisolublemente vinculado a la luz. La alegría, la emotividad y el movimiento de las Olimpiadas se transmiten en su imagen gráfica llena de color. En casa, podemos utilizar los mismos recursos para conseguir diversos efectos. 

28 julio 2024

Por: Isabel Escauriaza

El verde es el color más amplio del espectro visible y el que el ojo humano procesa con menos esfuerzo. En un interior, eso se traduce en presencia sin tensión. Funciona en paredes, en azulejos, en mobiliario lacado: en cualquier soporte gana densidad y se asienta. Es el color que mejor absorbe la luz natural sin perder carácter, y el que más fácilmente convive con materiales orgánicos —madera, ratán, piedra— porque remite al mismo origen. No necesita ser oscuro para ser serio, ni claro para ser fresco.

El amarillo es el color de mayor luminosidad y el que más rápido activa la percepción de un espacio. En dosis concentradas —un mueble, una pared en un baño pequeño, una franja en el suelo— funciona como foco sin resultar agresivo. Su versión ocre o mostaza tiene más recorrido en interiores: aporta calidez sin la intensidad del amarillo puro y aguanta bien la luz artificial. Es uno de los colores que más cambia según la orientación de la estancia: hacia el norte se vuelve verdoso, hacia el sur se intensifica.

El rojo reduce visualmente el tamaño de un espacio y aumenta la percepción de temperatura. Eso, que en teoría suena a inconveniente, es exactamente lo que lo hace útil en estancias donde se busca concentración o carácter: cocinas, comedores, estudios. No hace falta cubrir todas las paredes: un mueble rojo en una cocina blanca reorganiza toda la jerarquía visual del espacio. Sus versiones apagadas —terracota, burdeos, rojo óxido— tienen menos tensión y más recorrido en combinación con otros colores.

El negro en un interior no oscurece: define. Utilizado en carpintería, en techos, en elementos metálicos o en superficies puntuales, actúa como línea que organiza el resto del espacio. Una habitación con negro tiene más estructura visual que una sin él. No es un color de fondo sino de acento y contención. En baños y cocinas, donde convive con materiales duros, tiene una presencia especialmente precisa. La única condición es la luz: el negro necesita buena iluminación para no colapsar el espacio.

El azul es el color que más asociamos a distancia y amplitud, lo que lo convierte en uno de los más versátiles para interiores residenciales. Sus rangos son enormes: del azul marino casi negro al celeste que roza el blanco, con comportamientos muy distintos en cada caso. El azul medio —cobalto, klein, eléctrico— tiene una presencia directa que pocos colores igualan y funciona bien en espacios con luz controlada. El azul oscuro, en paredes o mobiliario, crea profundidad sin la dureza del negro. Es el color que más cambia con la hora del día.

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