Reformar para cambiar

Hay quien no ve otra solución en la transformación de un espacio, y hay quien se pone a temblar con sólo oír la palabra, pero lo cierto es que realizar reformas puede ser una tarea compleja y llena de “marrones”, o un trabajo bien llevado y con unos resultados excelentes. Lo que está claro es que no se puede pretender que los resultados sean inmediatos y sin esfuerzo.

Para afrontar una reforma, es importante planificarse bien. Calcular los tiempos de ejecución, diseñar con precisión el proyecto, buscar a profesionales para las reformas de confianza y hablar con ellos abiertamente, y entender que todo trabajo lleva un proceso y un tiempo de ejecución, que si queremos a tres profesionales o a 16 trabajando en casa, habrá que pagarlos a todos ellos, y que lógicamente, algunos materiales cuestan más que otros, por infinidad de elementos que implican en su producción, instalación, tratamiento y cuidado.

Foto: casa de Laura Leoz por Isabel Escauriaza

Llevar a cabo una reforma no siempre implica delegar en un jefe de obra o responsable de proyecto, interiorista, arquitecto, decorador o contratista. A menudo, hay quien lo quiere realizar por su cuenta. Una opción más que aceptable, si uno se siente con tiempo y ganas. Para conceptualizar el proyecto y tener una idea más o menos aproximada de lo que queremos hacer, podemos recurrir a fuentes de inspiración como Pinterest o Houzz.

Una vez definido el diseño, debemos plantearnos bocetar y dibujar para plasmar nuestros diseños con la mayor precisión posible, y para ello podemos recurrir también a herramientas accesiles como Homestyler o Blophome.

Pero al final, cuando vayamos a ejecutar cada fase del proyecto, entonces es importante contar con buenos profesionales. No es que sean más capaces, es que tienen más experiencia y conocen mejor el sector. Podemos optar por entregarles el proyecto entero, o trabajar con ellos puntualmente, pero si sólo queremos trabajar con ellos en algunas áreas del proyecto, o si queremos contar con su ayuda, y a la vez trabajar con otros profesionales, no debemos tener miedo a ser sinceros.

Foto: Casa de Bárbara Solórzano por Isabel Escauriaza

En mi opinión, lo mejor es hablar abiertamente con cada técnico que trabajemos. Consultarle dudas, plantearle opciones, buscar soluciones, etc. En definitiva, el profesional trabaja para satisfacer nuestras necesidades, sabe que está creando un espacio para el cliente, y no para sí mismo. Así que cuanto más abierta sea la comunicación, más probabilidades de éxito en el resultado final.

Foto: Casa de María Pazos por Isabel Escauriaza

Lógicamente, si no somos profesionales del sector, nos encontramos ante un terreno desconocido, pero paso a paso puede entenderse perfectamente lo que implica este trabajo, y saber qué conlleva realizar una transformación de un espacio. Desde que tomamos la decisión de cambiar o actualizar, hasta que comprendemos lo que realmente hay que hacer para obtener el resultado que buscábamos, el proceso sufre muchos cambios y nos enfrentamos a muchas dudas. El profesional nos ayuda a encontrar soluciones y a veces, realizar cambios en nuestros planteamientos iniciales.

Foto: Casa en Canarias por Isabel Escauriaza

Quizá no queremos realizar un cambio radical en nuestro espacio, y sólo necesitamos una actualización, a veces estética y otras veces en profundidad. Lo que sí es cierto es que las viviendas requieren un mantenimiento, una actualización. Cada cierto tiempo, pongamos de media cinco años, debemos revisar material, instalaciones, revestimientos, cerramientos, etc. No es que debamos aplicar como norma estos plazos, porque depende muchísimo de las calidades, de los materiales, del uso y del cuidado con que hayamos tratado cada elemento. Lo que quiero decir es sencillamente que debemos considerar llevar a cabo un mantenimiento de los espacios en que habitamos. Que con el paso del tiempo se da un “envejecimiento” lógico. Que a veces este mantenimiento sólo implica una pequeña revisión, una actualización o un retoque. Y otras veces nos podemos encontrar con la necesidad de una reparación.

Ante todos estos casos, acudir a los profesionales en las reformas nos va a aligerar mucho la carga de imprevistos, ¿no os parece?

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