Sobre brocantes, chamarileros y demás 

Sobre brocantes, chamarileros y demás 

Una de las historias que más he disfrutado este verano ha sido una breve pero intensa visita que le hice a mi querida Cris en Pamplona. Aunque el objetivo era hacer taller de foto, lo cierto es que finalmente se convirtió en una jornada de motivación más que de aprendizaje.

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Pasamos la mañana hablando de las cámaras, y los posts, y los estilismos… y después de comer, dimos un breve pero encantador paseo por la ciudad.

En nuestro recorrido, en la plaza de San José, nos encontramos de pronto con un par de locales que nos llamaron enormemente la atención. Uno de ellos tenía una placa en la que se indicaba anticuarios. El otro parecía un acceso a un almacén medio abandonado.

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Pero una vez dentro, ¿cuántas joyas, recuerdos, antigüedades y antiguallas pueden acumularse? El mismo local era como una enorme cueva, llena de estancias con paredes de piedra enmohecida.

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Armarios, máquinas de coser, viejos uniformes, útiles de labranza, aperos de hogar, bicicletas, juguetes, aparatos, timbres, teléfonos, básculas, máquinas de escribir, sillas, mesas, bastones, discos, libros, espejos, complementos de tocador… Este espacio de chamarileros se convirtió en el mejor escenario para que Cris pudiera practicar con su cámara.

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En decoración hay un truco casi infalible, si os fijáis con atención en los espacios más encantadores de las fotos, y es que todos incluyen elementos antiguos que combinan con otros más modernos y funcionales. Además de acertar con la mezcla, los objetos antiguos transmiten historias porque nos traen recuerdos o nos evocan imágenes. Así que estos locales deben ser una visita obligada para dotar de alma a cualquier espacio. 

Por cierto, otro de los temas que hablamos Cris y yo fue el de sus colaboraciones en Ebom, que van a dar un giro muy pronto ¡¡¡y cuyo nuevo contenido os va a encantar!!!

Fotos: Isabel Escauriaza

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